miércoles, 14 de octubre de 2020

tiempo

Aceptar la temporalidad suele ser una signatura pendiente, en general. Somos terrícolas mortales. Nos suele encantar el contacto directo con nuestras personas favoritas. Conversar, abrazar, mirarnos a los ojos... compartir vivencias. 

El dolor y desesperanza que sentimos ante la muerte (de nuestros seres queridos) puede alterarnos la coherencia. Loamos la lucha sin cuartel para mantener un hilo de existencia, incluso cuestionando a aquellos que se "rinden" ante su final.

Rendirse? Transigir? Uff! Y qué me contáis de las muertes súbitas? En ellas la vida se corta de golpe, sin más. Os aseguro que falta el aire, notas el desgarro incluso físico...

Pero digo yo, será mejor hablar de vida y, de paso, vivirla. Hacer lo que más nos guste y cultivar las relaciones. En estos tiempos convulsos en los que me resuena aquello de "disuélvanse!", elijo seguir compartiendo (y debatiendo) con "mis" mejores humanos. 

Admiro, sin ir más lejos, mi tomatera espontánea llena de flores y en la que va creciendo un tomatico (ahora ya son cinco). A algunos os parecerá cursilandia pero os confieso que, en llevando varias semanas a tope de sinsabores, desencuentros y preocupaciones mundanas varias... Disfrutar mis flortis me aporta una miaja de ilusión.


También ayudan: algún libro, una nueva labor, alguna serie de tv, algo de música, una que otra sonrisa (con o sin mascarilla), conversaciones amigables... y aquel sueño bonito en el que Xavi estaba tomando algo con nosotros (aunque sólo le veía yo).

Paso a paso, entre viento, nubarrones y sol. Que nunca sé si salir con paraguas, abanico, rebequita o directamente botas y anorak. Pues así mismamente van pasando los días. Ni bien ni mal sino todo lo contrario.

Contenta también de momentos bonitos con seres afines. Es bien. 

El resto, ya sabéis... lo vamos viendo