miércoles, 17 de julio de 2019

negar

Hay personas que, sin querer evitarlo, te niegan el pan y la sal. Te apartan en los momentos más interesantes, cuando podríamos admirarlos y, de paso, colocarnos (todos) en nuestro sitio.

(Escribo esto en un papelajo mientras espero turno en la ITV). Como ya sabéis tengo el alma también en revisión, junto al corazón y las entretelas.

A menudo confundimos los criterios de importancia, las prioridades lo llamamos. Por supuesto que cada cual tendrá (o tiene) su propia escala de valores, faltaría más. El conflicto aparece cuando lo que para el otro es fundamental para tí es peccata minuta, y viceversa.

Quiere ello decir que debemos todos pensar y sentir igual? Pues para nada. En las diferentes formas y maneras, en la diversidad, está el aprendizaje y el enriquecimiento personal (y del mundo mundial).

A veces podemos tener la sensación de ser de la misma tribu, pero luego en la distancia corta comprobamos que nada más lejos de la realidad, incluso puede haber rivalidad, es decir, que tal vez podemos ser hasta de tribus enemigas. 

Quizá veamos que ni siquiera parecemos del mismo planeta, ni miaja, casi ni vecinos de galaxia. 

En el mío son imprescindibles la sinceridad, ser generosos, la honestidad, los abrazos, la ironía, los cafés, las risas, la complicidad, el tiempo que nos regalamos... y alguna que otra birra (o copita de cava). 

En el tuyo?

Observar a otros terrícolas siempre es interesante. Todo y todos los que ayudéis a sacar, y utilizar,  la mejor versión de nosotros mismos seáis bienvenidos a mi pequeño gran universo. El resto, ya sabéis, lo vamos viendo!.

Es bien un chapuzón?. Ay, calla, que sigo sin piscina! Mejor un paseo.














sábado, 13 de julio de 2019

ternura

Lo más tierno suele ir protegido por corazas, envolturas potentes o pinchos, por puro instinto de conservación. A veces esas protecciones se fisuran y por las grietas se cuela la dureza, alterando el estado natural de la ternura.

Se lleva mucho la fuerza, porque mostrar fragilidad es como desnudarnos en público. Hasta aquí vale, el problema es cuando los escudos se convierten en protagonistas y se vuelven dictadores ante la sensibilidad. En plan menospreciar las muestras de delicadeza impregnando-las de aparente inutilidad. 

Señoras y señores, ser adulto consiste en otra cosa (a mi entender). Sin ir de blandengues ni mostrar nuestras vulnerabilidades a cualquiera, pero imperando y apostando por la humanización de las personas humanas.

Estamos tan saturados de info de hechos muy chungos que nos volvemos como pedernales. Es genial ser fuertes, constantes, valientes. Esforzarnos por lo y los que valen la pena. Es bien sacar nuestra mejor versión para mejorar y colaborar en las mejoras (propias y ajenas). 

Pero vale ya de tanta memez, seamos como somos y sigamos respetando a los iguales, a los diferentes, a los reguleros e incluso a los de andar por casa. Siempre y cuando ellos nos respeten a nosotros, sino, ya se sabe... aire!.

Toda esta perorata ha salido a raíz de una conversación con mi hermana, en la que me ha recordado mi propia esencia tierna de cuando era chiquis (gracias hermanuca). En el fondo sigo manteniendo esa chiquilla alegre y confiada, generosa y vital, ahí reside parte de mi fortaleza. 

Escribo esto mientras escucho "volver a comenzar" (Luz Casal) y me viene al pelo con mi situación actual, en la que va ganando la desilusión y me planteo sacar todo eso que duele, para volver a empezar (una vez más). 
"Y si gana la derrota habrá que volver a empezar... "

(ilustraciones by @muxotepotolobat)





miércoles, 10 de julio de 2019

decepción

Os habéis preguntado cuántas veces decepcionamos?. Y cuánto nos decepcionan?. 

De vez en cuando ocurre ese desencanto que convierte en indiferencia aquello que nos interesaba/motivaba. Puede ser simple aburrimiento, pero a menudo intervienen las falsas expectativas, los miedos, las exigencias, los egos... Factores humanos poco humanizados. 

La interacción entre individuos de la misma especie parece simple, pero nos encanta complicarla. Desencanto, tristeza, apatía, rutina, egoísmo, exceso de confianza (entre otras lindezas) pueden destruir cualquier relación aparentemente sólida.


Qué hacer? Existen varias opciones, obviamente, desde reinventar para recomenzar hasta desistir, pasando por posibles pactos, cesiones, concesiones, tiempo muerto, negociación o simplemente santa paciencia. Llega un punto en el que, de pronto, algo hace clic y se produce un crack en nuestro yo más interno... cambiándose-nos la visión (y la perspectiva).

Cada cual funciona como puede y quiere, las dudas pueden surgir antes, durante y/o después de las decepciones que nos llevan a tomar decisiones. Todo ello es aplicable tanto a tratos laborales como familiares, amicales o parejísticos. En mi caso, aquí y ahora, hay una miaja de casi todo ello. 

Triste, muy mucho. Duele, requiere un nuevo duelo. Reaparece la sensación de fracaso aderezada con briznas de inutilidad frustrante. Acostumbramos a fijarnos, casi siempre, en aquellos a los que parece que todo vaya bien y lo comparamos con nuestros vaivenes inacabables. Limitante y agotador, uff!!

Quisiera ser una persona diferente? A ratos sí, tener y haber tenido una vida más sencilla, sin tantos altibajos, sin esos toboganes que cortan la respiración (del susto en las bajadas y del esfuerzo en las subidas). Lo jodido siempre son los daños colaterales. 

Ser intensa me está resultando muy caro, tal vez baje la potencia que ya tengo una edad y me joden los sobresaltos. Pero hay asuntos propios innegociables, principios éticos que difícilmente compensan ciertos sinsabores. Ay señor!. Es que después de sobrevivir, cuando se vuelve al mundo se hace a fondo. 

Supongo que todo pasa por aceptar la fragilidad y temporalidad de la existencia. Y hasta aquí os puedo contar, manteneros atentos a las siguientes entregas en las que se irán revelando los resultados de las pesquisas. 
Es bien?... Lo vamos viendo! (nunca se sabe)   










martes, 25 de junio de 2019

Poma

Tenía una entrada nueva, sin publicar, que escribí la semana pasada. La acabo de borrar, sin más, entre otras cosas porque empezaba diciendo que había sacado a pasear a Poma.

Sant Joan me gustaba, creo recordar. Hace ocho años que me va gustando menos. Entre medias ha habido alguno que se salva, acompañando a chicuelos fanáticos de los gegants, viendo castells (a veces desde un balcón), ayudando una miaja en la carpa de Ajud-Àfrica, disfrutando conciertos-vermut con amigas... 

Pero este año casi ná, los dos años de mi madre, mi fractura del año pasado y ahora nuestra perra me han hecho alejarme de la fiestez. Un par de torres humanas, un gintonic en vaso de plástico, una coca casera... y el cava aún en la nevera.

Suerte que empezó muy bien, el concierto de Elena y Gabri fue genial y la cena con colegas también estuvo muy bien, verdad chicas?. Nos reímos tanto que cuando el domingo dejó de respirar Poma al menos me pilló con las pilas bien cargadas. (Y yo qué sé!!).

La vida es esto, un vaivén entre avanzar y parar, valorar y vivir, recordando que estamos de paso. La muerte en directo es una bofetada a los egos y las pamplineces. A las personas que tenemos mascotas, las queremos y cuidamos, nos duele su pérdida.  

Sin caer en exageraciones de comparar a nuestros animales de compañía con los hijos, que se escucha cada animalada por ahí que me dan ganas de encararme y soltar alguna fresca. Pero para qué, cada cual que sienta lo que pueda y quiera.

En mi casa y en mi caso toca aprender a seguir adelante sin ladridos, sin esos largos paseos, sin proteger a Rosita (que ahora se hará la reina), sin escucharla al salir del ascensor, sin ver cómo saltaba al ver a su amo, atacaba al cartero, se enfrentaba a perracos, pillaba comida o movía la cola al llegar el chiquis.


Se vale estar triste, es bien dejar salir las emociones.












jueves, 13 de junio de 2019

tachado

Una de las señoras que acompaño/cuido le llama "tachado" al punto de cruz, porque talmente es como cuando tachas. En realidad yo le llamaría simplemente "equis" sino fuera o fuese porque la identifico con la inicial de Xavi (y la canción de Elena).

El caso y la cosa es que tachar es tentador, tanto como barrer en la canción "si yo tuviera una escoba"... Luego también están los tachones (bendito tippex), aquellos rallajos que hacemos al repasar lo escrito y/o al escribir demasiado rápido.  

Y en ello estoy, revisando para seleccionar lo obsoleto, lo borrable o barrible, lo siguiente a marcar con una X. Pero jopeta, cómo cuesta deshacerse de lo cómodo, aunque ello sea algo pasado (de moda, de concepto, de coherencia). Y luego termina una yendo de andar por casa!.

Me gusta ir tachando de mi lista de tareas aquello que voy consiguiendo realizar (incluso en los papelajos en los que apunto las cosas a comprar en el súper). Lo más chungo es cuando lo eliminado son días enteros, esos en los que las horas se hacen o cortas o eternas, en los que la luz o ciega o brilla por su ausencia, o aquellos en los que o hablas sin cesar o estás en casi silencio.

Os pasa que a veces os apetece rayar toda una hoja porque estáis rallados? 

Ay, cuánto tacharía yo si le diera rienda suelta a la tachadora que llevo dentro!!.  Ya lo dice mi hija, que soy pelín "hater". Aunque a mi me parece exagerado, tampoco soy tan chunga (digo yo). Es sólo que me aburren según que actitudes, especialmente las de priorizar las formas antes que el fondo.

Eh, que tampoco hablo yo de la acracia total, ni la dejadez profunda. Simplemente que el contenido importe más que el continente, y si ambos son chulos pues... es bien.


Nos lo vamos contando, que ustedes lo tachen a gusto.




domingo, 12 de mayo de 2019

mayo8


Y volvemos a estar en el mes de las flores. Bendito y maldito mes!. En él tengo despedidas y cumpleaños, muchos. Cómo se convive con tanto amor y dolor?.

Han pasado casi 8 años y el día a día es más llevadero, ya veis que apenas hablo de ello, de él (de ti). Pero ahí estás, en lo más profundo de mi ser. A veces aparece de pronto, como una sacudida, un mordisco en las entrañas que me obliga a parar y a respirar profundamente.


Aceptar que la vida es frágil y efímera es básico, en ello estamos. Sobrevivir a los hijos sigue siendo una putada. Soy asertiva, positiva, valiente y todos los adjetivos que se nos ocurran... pero mi alma está quebrada, tiene varias fisuras por las que, a veces, se escapan los suspiros.

Me viene al pelo la alergia al polen porque así puedo dejar salir alguna lágrima sin levantar sospechas (odio el melodrama). Aún así hay momentos que me pillan desprotegida, como cuando Helen me recuerda que el mismo día que le harán una entrevista para presentar su primer EP coincide, casualmente, con la última vez que te vimos vivo, Xavi (el 14 de mayo). 

Uff!! Entonces se agolpan los recuerdos, se amontonan queriendo salir y veo tus ojos, tu inmensa sonrisa, tu alegría, tu vitalidad.. Cómo insistí en despertar a los peques para que os vierais, como me quedé mirándote en la puerta cuando te ibas, reteniendo tu esencia, como si mi corazón intuyera algo. 

Honro tu vida junto a la mía y avanzo llevándote en mi. Pero cuando duele, tengo que dejar salir el duelo, ese que escuece, pincha, desgarra, emociona. Puta vida!. Toca volver a recomponer-me y a veces cuesta lo indecible (utilizo la fuerza de nuestro clan para seguir adelante).

Viste? Estuve en La Adrada y os ví a ti y a abuelo Manolo en el aire, en el cielo, en las nubes, en el bosque, en el agua limpia del río... Qué bonitos momentos vivimos allí, todos juntos. Eso ya es nuestro para siempre, nada ni nadie nos lo puede borrar (ni robar).
Hoy me cuesta decir mis palabras mágicas "es bien".













martes, 7 de mayo de 2019

pasado

"Cómo, a nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado fue mejor" (Jorge Manrique).

Vivir el presente es bien, dejar atrás el pasado, también. Pero hay asuntos del aquí y ahora que son secuelas y/o reminiscencias de otros momentos vividos. Mirar hacia otro lado ignorando lo ocurrido es pelín incoherente. Mejor abrir los ojos y ver el reflejo.

Hay episodios que, como decía mi amigo Juan, es mejor pasarlos a "asunto acumulado". Pero hay otros que pueden cambiarnos totalmente el curso, en mi caso nunca mejor dicho. 

Cosas de vida! La semana pasada el recreo/refugio transcurrió (en parte) por la zona de mis veranos felices de chiquis (gracias corazón). 

Esos en los que jugábamos con la pandi en plena naturaleza, más inocentes que un cubo. Subir a las ruinas del castillo, bañarnos en el río (o en la temida presa grande), jugar en el campo, subir al monte, caminar descalzos, repartirnos una bici entre 3 o 4, pelarnos las rodillas, escondernos, meternos en los prados de las vacas, esquivar las serpientes (y alguna víbora), asustar a las arañas de patas largas, cortar rabos de lagartijas... lo normal.

Hasta que llegó la modernización, la primera piscina, las caminatas para estar a remojo con los amiguetes. Y el amor platónico de infancia quedó relegado por el primer novio. Cine al aire libre, bailes de fiesta mayor... Aventura de verano? Vaya usté a saber, el caso y la cosa es que la historia cambió totalmente mi presente de entonces... el de justo después, el de más tarde e incluso el de ahora.

Pasé unos cuantos veranejos con la family que fueron geniales, también en mi juventud. Y sí, estar (contigo) en el mismo lugar (47 años después de nuestro noviazgo) me ha removido hasta las entrañas, con ese sabor agridulce y la intensidad que me caracteriza, conteniendo las lágrimas y la añoranza. Pero leche, qué bonito es y qué limpio se respira.

El resto, ya tu sabes... lo vamos viendo.