domingo, 1 de marzo de 2020

Bonitas

Hay personas bonitas, incluso muy bonitas. Me refiero a esas naturalezas (rara avis) que ni juzgan, ni critican, ni se quejan, ni cuchichean o maldicen. Aquellas personas humanas que humanizan la humanidad. Agradecidas y que se agradecen.

Da un poco igual que dichos seres sean guapos/as por fuera. Cuando conoces a una de estas personas y deja entrever un alma noble, de esas que resuenan una miaja con tu propia esencia, sientes como unas cosquillitas en las entrañas.

Estamos tan hartos de gente aburrida y fea que tener la suerte de compartir un trocito de tiempo (y de vida) con personal achuchable devuelve un poco la esperanza de recobrar la chispita perdida.

Sí, lo confieso, ando deschispada. Todo es temporal y esto, también pasará. Me miro en el espejo de "mis" personas bonitas y me recuerdo que todo puede mejorar, empezando por apartar de mi mente pensamientos negativos, de esos que contaminan.

Busquemos gente guapa, porfi, que "haberlas haylas" y vale mucho la pena coincidir con ellas, escudriñar en esos recodos de nuestro foro interno, animarnos a dejar salir esa calidad más protegida (por miedo al dolor).

En serio, la vida se vuelve insípida desde la fealdad, e incluso puede llegar a amargar o agriar-se-nos. Ande esté un poquito de dulzura, sin empalagar, un pelín de ternura, sin ñoñez y alguna que otra sonrisa acompañada de miradas cómplices... 

Si nos miramos en reflejos reguleros toca contener el vicio de sacar las partes feuchas. Claro que sin sombra la luz se vuelve opaca, pero es que ahora está de moda el brillibrilli, osea que mejor cristales de colores.


Es bien ser persona bonita, te apuntas?













martes, 25 de febrero de 2020

morir

Estos días la muerte vuelve a ser protagonista. 

Situaciones muy intensas en las que he sentido, pensado y vivido mucho. Observando mis propias emociones y reacciones, al tiempo que las del entorno más cercano a la persona enferma. 

Momentos de incomprensión, contención y tristeza (incluso de sentirme de otro planeta). También de aceptación, generosidad y, finalmente, esa especie de cansancio tranquilo al dejar de padecer (físicamente). 

Me ha tocado vivir muchas muertes próximas y en cada una el dolor es diferente, pero el denominador común sigue siendo que duele. Lo que hacemos con ello es lo que importa. Claro que depende mucho de los apegos y de cómo nos pille interiormente. Aunque lo difícil viene siendo lo de asumir que se acabó.

Todo es tan relativo, los terrícolas somos tan frágiles, efímeros y vulnerables que el final nos descoloca porque solemos querer más. Más tiempo con la persona querida, más fuerza para soportarlo, más comprensión, más palabras, más silencios contiguos. 

Sea como fuere ver morir nos recuerda que somos mortales. Ello puede provocarnos premura de vivencias, abatimiento profundo, desánimo, apatía, hiperactividad, insomnio, somnolencia, desgana, hambre... y un sinfín de síntomas derivados del duelo.

Desde sin ganas de hacer nada hasta querer hacerlo todo de golpe. Desde el llanto incontrolable a ni una lágrima. Desde sólo querer hablar de la persona fallecida a que ni te la nombren. Desde necesitar mutismo y aislamiento a acompañamiento continuo. 

Todo ello real y respetable. Hay quien se incorpora al trabajo de inmediato y quienes necesitamos un tiempo de des-conexión. En medio de tanta inseguridad es importante querernos y respetarnos, a y entre nosotros. Sin huir de los hechos ni caer en decaimiento (o sólo una miaja). Permitiendo a nuestros corazones que se vayan adaptando a sobrevivir hasta llegar a latir sin taquicardia. 

Qué curioso es seguir notando nuestros latidos cuando los suyos desaparecen. 

Nos puede parecer mentira seguir respirando cuando ellos ya se han quedado sin aire. Pero aquí, paso a paso, es cuando va bien ir llenando ese agujero de las entrañas con el amor que sentimos, sin más, sin menos. 

Es bien llorar, si así nos lo pide el alma. Es bien dejarse arropar, si así nos lo pide el cuerpo. Es bien seguir viviendo, aunque planee sobre nuestras cabezas la idea de acompañarles. Es bien quererles desde aquí y compartir la añoranza con todas las personas implicadas.



Buen viaje amigo Iñaky 
(ahora quien nos va a hacer la paella?)








viernes, 17 de enero de 2020

gris

Enero es gris, de toda la vida. Frío, pocas horas de luz, resaca de encuentros y desencuentros, esos kilitos de más y aquellos eurillos de menos, el propósito típico de: "este año... " (que luego se queda en agua de borrajas). Una cansinez.

Yo, como cada invierno, haría como los osos. Osea, invernar hibernando. Esperar, aletargada, la llegada de la mágica primavera. Tal vez cuando sea más viejuna lo suavice, compartiendo. 

Existen dos posibles soluciones, conseguir una casa con chimenea (y música y libros) o emigrar a una zona más cálida.

De momento tengo sopa caliente (e infusiones) y me pongo varias capas de ropa. La vida pasa tan deprisa que en ná ya vuelve a hacer calor. Me gustan los calcetines de colores y las botas, pero prefiero las sandalias (y los mojitos).

Soy persona humana muy friolera, aunque lo peor es combatir el bajón que me produce esta época.  Esas ganas de mandarlo todo al carajo y quedarme en la cueva, esa tentación de desconectar y que me la traiga, casi todo, al pairo. Esos ratos en los que mis ojos dejan salir alguna lágrima rebelde. 

También hay momentos buenos. Un rato compartiendo unas birras al tímido sol de mediodía, con bonitas plantas y buena música. Tardes de cafés con amigas... Genial. Mayormente tras el sustaco y el disgusto de la reciente explosión es bien celebrar seguir vivos. (Desde aquí envío mi pésame a los familiares y amigos de los fallecidos).

Suelo ver un rato la caja tonta, tapada hasta las cejas, sacando las manos para hacer punto y jugar a apalabrados, mientras paso niveles de pet rescue (o similares). Un estrés, porque al final me lío contando vueltas mientras busco palabras al tiempo que rescato perretes. Y los de la tele a lo suyo, suerte que tengo un mando que me deja rebobinar. 

Os cuento que tengo un brebaje (Yogi Tea) de "felicidad". Un sobrecico, agua muy caliente, cinco minutos, y ya. Uno de los pocos placeres de las bajas temperaturas, eso y las magníficas puestas de sol, efímeras y luminosas. 


Se admiten propuestas de colores... 
El resto, ya sabéis, lo vamos viendo. 



lunes, 13 de enero de 2020

2020

El año que empieza parece redondo, estéticamente es bonico... le daré voto de confianza.

Ésta Nochevieja la paso conmigo misma. Mola más con pareja y/o amigos,  aunque odio el plan beber a destajo y disfrazarme de felicidad impuesta. Una noche que estamos "obligados" a mostrar-nos dichosos, inmensamente.

La verdad es que yo los "retos" y balances anuales los cuento de cumple a cumple, que es mi propio ciclo vital. Pero bien está que pongamos momentos estelares para disfrutar extra y aguantar hasta el amanecer (aunque estemos hasta el mismi).

Como dice mi hijuca, tal vez estoy un poco "hater". Pero es lo que hay. Me sigue gustando la cosa navideña por lo que tiene de re-agrupación familiar y de regalar buenos deseos. (También me gustan el turrón de yema y el panettone)... El cava me viene apeteciendo todo el año.

Hoy se me vino encima la cansinez, las dudas existenciales, y sí, también la añoranza extrema, esa que estruja el corazón. Os acordáis de esos viejos rodillos de escurrir la ropa?, pues algo parecido!. Cómo lo veis? Tengo posibilidades de seguir progresando? Vuelvo a las andadas (tentaciones tengo)? O me hago propósitos de enmienda? 

Me propongo reciclar, limpiar y esas cosicas caseras, tanto como seguir recuperando-me, en general. En realidad ya he empezado con ello, pero creo que me voy a echar a la calle a por unas gambas, para darle a mi cuerpo alegría, aunque venga envasada al vacío y pelín congelada.

Os cuento que 2019 ha sido rotundo y me ha calado hasta las entretelas por su intensidad y decisiones duras, pero también por y con personas y vivencias muy especiales. 

He recuperado mi oficio de cuidadora (externa y remunerada), hecho que me gusta y me proporciona aquellos papeles que utilizamos los mortales de a pie. Si, esos con los que pagamos los recibos e incluso los intercambiamos por ropa y alimentos. Es bien.

Pues eso, que Feliz Año Nuevo!
(el resto lo vamos viendo)


(lo tenía en borrador desde el 31/12/19)



martes, 19 de noviembre de 2019

Osadía

Hace poco más de seis años inauguré mi blog, tímidamente, con mi primera entrada "pareja" (11/9/13)Hoy, con todo lo que ha pasado (y dejado de pasar), la volvería a escribir. Casi tal cual, quizá con una miaja más de acritud. Es lo que hay.

Quiere ello decir que estoy en el mismo punto? Pues en parte si, porque, a pesar de todo, sigo creyendo que merezco un persono humano para unirnos y sumar, en formato pareja.

He tenido estos días incluso una pequeña crisis existencial acompañada (o acompañando) la primera gripe de esta temporada. Supongo que la fiebre y el malestar físico ayudan a entrar en las capas más profundas de nuestro propio ser. 

Sea como fuere escribir y expresar sobre el emparejamiento sirvió, en su día, para recuperar el contacto con alguien muy importante para mi. Y también para animarme a seguir escribiendo sobre mis cuitas (cosas de vida).

En este momento, en el que apenas me atrevo a asomar la nariz (buena napia Volpiniana) tras la última ruptura (porque aún hace pupa), os sigo contando cómo me siento. Es un romper muy controvertido porque conlleva muchos efectos secundarios, algunos ya cronificados. Son muchas vivencias vividas y sin vivir, y demasiado tiempo de espera desesperante. 

Es como una osadía, por mi parte (y en la viejunez), retar al ¿destino? y rebelarme contra lo, aparentemente, asignado como propuesta y solución definitiva?? Pues mira a ver, es que tanta desazón me recuerdan mucho a lo que me decía mi padre "la vida te hace callo".

Tras tantos vaivenes y, sobretodo, desde la muerte de mi hijo, me he vuelto más exigente al tiempo que permito que salga mi fragilidad, resguardando mi propia ternura que se me escapa a borbotones.


Cuando esté lista, sin prisa pero sin pausa. 

Seas quien seas, cuando seas, si eres... mi casa está abierta para ti, igual que lo sigue estando para mis hijos, familia y amigos. Con mi desorden (si es que lo hubiera) y con mi corazón apedazado pero muy sincero. 

¿Es bien?




miércoles, 6 de noviembre de 2019

41

Qué decirte Xavi? Que Hoy hace 41 años que naciste? Que nunca cumplirás más de 32? Que, como ya han pasado ocho y medio de tu muerte, ya lo de llorar queda obsoleto? Venga ya! Como si para echarte de menos hiciera falta que sea tu cumple. Si, es cierto que una se "acostumbra" (qué remedio) a tu ausencia física constante y definitiva, a la famosa silla vacía. A dejar de escuchar tus bromas y tus logros, a tener que cerrar mis ojos para ver los tuyos.

Uff! Que sí, que, obviamente, fue estupendo y un regalo coincidir contigo en este mundo durante tantas vueltas al sol, pero es que ahora la luna parece que ilumine mis recuerdos y mi añoranza, difuminando la luz. (Cómo añoro tu alegría).

Has visto? He ido con los tetes a plantarte una florti (según Elena una lechuga) y a colocar el cartel de madera que nos regaló mi duende. Te gusta?. Al igual sale volando, pero ya buscaré alguna forma de fijarlo. 

Te llevamos a Poma cerca (hace unos meses) para que la puedas chinchar una miaja.

En realidad tengo que echar mano de esa fuerza infinita que llevamos todos dentro, contarme a mi misma que puedo con esto y recordarme que la vida, a pesar de todo, sigue avanzando. Sin prisa pero sin pausa, como diría abuelo Manolo. Vaya par!. Vosotros ahí, tan ricamente, y el resto aquí, en esto que llamamos vivir.

Tranquilos, todo es temporal y, aunque hoy me apetezca mandarlo todo al carajo, mañana (o pasado) me volveré a reconstruir y seguiré mi camino. Paso a paso, me recordaré a mi misma todo y todos los buenos para agarrarme al mundo. Para convencerme de que vale la pena ser terrícola.

Leo (poco), escribo (menos), estudio (más), me relaciono (regulín), trabajo (casi nada), reciclo (despacito), paseo (a ratos), me quedo en casa (mucho)... el otoño tampoco viene ayudando (aunque es precioso).

Bueno, va, me voy a echar a la calle un rato, a ver si el anochecer me despeja la tristeza. Hoy me cuesta decir mis palabras mágicas, pero ahí van:

Es bien! (permitirme sentir es quererme y respetarme).

5/11/19






jueves, 10 de octubre de 2019

Calimera

De pronto es como si algo dentro de mi me recordara el dolor, se activa alguna tecla interna que me susurra, astutamente, que Xavi (y mi padre, y Juan, o mi madre, Ramon, Josep Ma...) está/n muerto/s. Cómo si se me pudiera o pudiese olvidar!.

Sin embargo viene siendo lo contrario a la cotidianidad, esa en la que he aprendido a vivir sin él, sin ellos, siendo capaz de sonreír, de ser feliz, de honrarles desde la alegría y los buenos recuerdos. De hecho son parte de mi motor para seguir adelante, junto con todos vosotros, los vivos, en una especie de armonía casi mágica.

Por supuesto con mis (y sus) luces y sombras, con altibajos, momentos de bajón, como también de auge. Ya os conté que estos días los acontecimientos me han colapsado, pero confío en que todo se arregla y vienen días mejores, de hecho ya los veo asomando por el horizonte.

Entonces, por qué se despierta en mi ese duelo profundo?, Ah si, calla, será que se van solapando las situaciones? El caso y la cosa es que vuelvo a tener ganas de llorar, sin más, del propio llanto. Sí, ese que va saliendo, por ejemplo cuando miro las fotos de una amiga feliz con su pareja, o de esos amigos entrañables que hoy cumplen tropomil años de casados, queriéndose y eso. 

Me digo a mi misma, pero a ver, bonita, si hace un ratín estabas entusiasmada haciendo los deberes del curso (estoy estudiando online) y ahora te vuelves a poner calimera??. Será posible? Bueno, tal vez estar otra vez encontrando nuevas personas a las que cuidar, seguir añorando el recreo (a ratos), el coche escorromoñao en el taller... tengan algo que ver con el tema. 

Y para colmo sólo se me ocurre a mi ir a dar sangre (es lo que tiene ser donante) y levantarme de la camilla antes de tiempo para llenarlo todo todito, oye qué roja es así vista, esparramada en el suelo, en mi ropa, en los ojos de susto de los auxiliares. 

(Gracias por atenderme).


Ahora que os cuento esto me viene esa famosa sonrisa arco iris, 
producto de juntar lágrimas con gesto de "ni tan mal". Es bien.