martes, 5 de mayo de 2026

lavadora

La lavadora de mi casa, heredada de mi madre, ha decidido morirse, así, sin anestesia ni nada. Al carecer de río, acequia y/o lavadero cercano me he visto en la tesitura de comprarme otra.

Qué situación! Qué hago? Infiel a mis principios, la compro en unos grandes almacenes (la pela es la pela).

De mientras utilizo las dos lavanderías próximas a mi domicilio, una huele mejor pero es más cara y está cuesta arriba, la otra hace su función y me pilla más a mano.

Real como la vida misma. La viejuna se cansó de darle al bombo y se quedó sin fuerza para centrifugar. La nueva es más chiquis, más sencilla, pero deja la ropa limpitica, que es mayormente su función. Es bien.

Hoy, paseando por la playa, la de siempre (la "nueva", de momento, está en lista de espera), viendo y escuchando el agua del mar en puro movimiento, en un vaivén constante, me he acordado de la máquina de lavar y la he asociado al mecanismo de algunas personas humanas.

Os han dicho alguna vez que los trapos sucios se lavan en casa? Ya te digo! Y qué hacemos con aquellas prendas que viven ni limpias ni sucias, ni para el cesto ni para guardar, en una especie de limbo o en alguna silla olvidada?

O sea, como esas gentes que están para darles un buen aclarado y aplicarles, de paso, una pizca de suavizante. Porque claro lo que está mu cochino se ve de lejos, al igual que lo reluciente, lo difícil son los siesnoes, que ni sí ni no sino todo lo contrario... Tal vez se necesita un prelavado.

Esas amistades que están entre sol y sombra, que ni te aportan ni te apartan. Que te puede molar pasar un rato y también dejar de pasarlo. Que son extrañas pareciendo amigas y viceversa.

Ainx, qué vida esta! Te presenta un presente que ni tan mal y... 










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