Octubre es un mes bonito, me gusta casi tanto como la primavera/verano. Sin más. Hay la cosa aquella de que el otoño deprime y tal. Yo, hasta que no vuelven a puto cambiar la hora, lo llevo bien. Ni frío ni calor, ni sandalias ni botas, ni manga corta ni anorak. Un estado intermedio, como de paréntesis entre sudar y temblar de hielez.
La castañada, ahí ya empieza el cambio de tercio. Ya sabemos, los días más cortos, las ganitas de quedarme en casa. Los paseos tranquilos por la playa sin miaja de gente. Volver a leer, tal vez a escribir, quizás a pintar y hasta volver a hacer cosicas con lana.
Todo sigue, imparable.
El caso y la cosa es que, este año, este mes tan bonico se me está haciendo bola. El famoso día del Pilar, de mis Pilares (hermana ya sé que ni te felicité). Jornada en la que mi cuñada, Pili, quería hacer una comida de "despedida", por si no llegaba a la tradicional del día de Reixos...
Me vuelvo a sentir un poco huérfana, aunque ignoro la nomenclatura para las "comohermanas".
La añoranza es gratis, lo que hacemos con ella ya es harina de otro costal. En ello estoy. Sin prisa pero sin pausa. Retomando quehaceres y asuntos ineludibles, alternándolos con la birra de los viernes y algún que otro ratico de recreo.
Alteradita/atareadita ando, no hay como que te toque ser la presi de la escalera. Parece que el edificio ha decidido escorromoñarse durante mi comisión. "Una cosa mai vista". Ay papá! Ya me podías haber enseñado a ser pasota. Al final ser resolutiva es una cansinez.
Que si fuga de agua, que si robos varios, que si poner cámaras, que si las puertas no sé lo qué, que si el descalcificador no descalcifica, que si la fachada, que si el incendio del año pasado, que si nos joden el portero automático...
Y yo con estos pelos! Primero el uno, después del dos (verdad papi?)
Pues eso, que seguimos para bingo. Es bien?
